
Pitchfork Music Festival CDMX regresa a la ciudad para su tercera edición y, entre conciertos, espacios y propuestas que atraviesan distintas escenas, vuelve a demostrar que su idea de música alternativa no termina frente a un escenario.
Del 19 al 27 de septiembre, el festival ocupará distintos espacios de la ciudad con una programación que cruza indie, pop, experimentación y, de manera cada vez más evidente, música electrónica.
Porque si algo llama la atención en esta edición es precisamente su apuesta por la pista de baile.
Una semana que también se escucha de noche
La electrónica tiene un papel particularmente importante dentro de la programación. ORBE se convierte en uno de los puntos centrales para esta conversación, con una serie de noches que reúnen proyectos provenientes de distintas generaciones y escenas.
El 19 de septiembre, nombres como CFCF, Tygapaw, umru, Meat Computer, EQ, Luca Eck y Guapis abrirán esta ruta electrónica del festival.
Es una selección que dice bastante sobre hacia dónde está mirando Pitchfork. Aquí conviven la electrónica experimental, el techno, el trance, el hyperpop y los sonidos digitales que han transformado la cultura de club durante los últimos años.
CFCF, por ejemplo, ha construido una carrera alrededor de una electrónica que constantemente se mueve entre el ambient, el house, el pop y la experimentación. Tygapaw lleva el techno hacia una conversación atravesada por la cultura de club, mientras que umru representa esa generación que encontró en internet una nueva manera de producir, mezclar y entender la música electrónica.
No hay una sola definición de electrónica dentro del festival. Y quizá ahí está precisamente lo interesante.
Safety Trance y una noche para la pista
El 24 de septiembre, Pitchfork vuelve a mirar directamente hacia el club con Safety Trance, acompañado por EQ.
El proyecto de Safety Trance se ha convertido en uno de los nombres más particulares de la nueva ola de música electrónica latinoamericana, construyendo un sonido donde el trance, el techno y la energía rave conviven con una estética mucho más experimental.
Su llegada a CDMX funciona casi como una declaración: la electrónica ya no aparece como un complemento dentro de un festival alternativo. Tiene sus propias noches, sus propios códigos y, sobre todo, su propio público.
Y eso resulta especialmente natural en una ciudad donde las fronteras entre concierto, festival y club llevan años siendo bastante difusas.
Pitchfork, pero después del concierto
Quizá el mejor ejemplo de esta conexión sea el afterparty oficial de Robyn, que llevará la celebración a ORBE después de su presentación en el Palacio de los Deportes.
La noche reunirá nuevamente a parte del talento electrónico de esta edición, entre ellos Meat Computer, umru, EQ, CFCF, Luca Eck y Guapis.
Es una extensión que hace evidente algo que Pitchfork parece entender bien: en CDMX, la noche no necesariamente termina cuando termina un concierto.
Mientras el festival reúne a nombres como American Football, Perfume Genius, Lido Pimienta y Wendy Eisenberg, su programación electrónica propone otra lectura de esta edición. Una donde el techno, el trance, el house y las nuevas mutaciones de la música digital conviven con aquello que tradicionalmente entendemos como música alternativa.
Una nueva forma de entender el cartel
Más que separar la electrónica del resto de la programación, Pitchfork la integra a su lenguaje.
La tercera edición de Pitchfork Music Festival CDMX termina siendo, entonces, una semana donde las guitarras y las máquinas pueden ocupar el mismo universo. Donde el descubrimiento no sucede únicamente frente a un escenario y donde una noche de festival también puede convertirse, sin demasiadas explicaciones, en una noche de club.
Pitchfork vuelve a CDMX. Y esta vez, además de escuchar, habrá bastante que bailar.
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