
Con “Secrets”, Josh Legg recupera el espíritu colaborativo que marcó los primeros años de Goldroom. En conversación con Electrónica MX, el productor habla sobre el álbum que prepara para 2027, las imágenes que inspiran su música y una trayectoria que le ha permitido atravesar distintas etapas de la industria sin perder de vista aquello que lo mueve a crear.
Hay música que parece tener un lugar y un momento propios. La de Goldroom suele habitar ese espacio entre el atardecer y la noche, entre los paisajes costeros de California y la nostalgia de algo que quizá nunca ocurrió, pero que reconocemos como familiar. Detrás del proyecto está Josh Legg, productor y compositor que ha construido una identidad alrededor de sintetizadores cálidos, melodías envolventes y una sensibilidad pop que encuentra en la electrónica una forma de contar historias.
Después de un periodo con menor actividad discográfica, Goldroom prepara su regreso con un nuevo álbum de larga duración, previsto para marzo de 2027. El lanzamiento llega precedido por “California Kiss” y “Secrets”, dos sencillos que apuntan hacia una etapa en la que Legg no busca reinventar su sonido desde cero, sino profundizar en aquello que ha definido su proyecto desde el principio.
“Secrets”, su segundo adelanto, nació de una sesión de composición con la cantautora Gavrielle. Lo que inicialmente debía ser una jornada de trabajo para encontrar una canción para Goldroom terminó tomando otro rumbo. Ambos comenzaron a hablar sobre las dificultades de mantener una relación mientras se pasa gran parte del tiempo de gira. En ese intercambio personal, Gavrielle compartió una demo que había escrito al piano. La reacción de Legg fue inmediata: la canción lo conmovió y le recordó la emoción que sentía durante los primeros años del proyecto, cuando trabajaba junto a otras compositoras.
La anécdota permite entender algo fundamental de su proceso creativo. Para Legg, una canción no comienza necesariamente con una idea de producción o una estructura rítmica, sino con una emoción capaz de sostener todo lo que viene después. Al hablar sobre las voces con las que decide colaborar, explica que busca, sobre todo, un tono particular, una interpretación que le provoque algo incluso al escuchar una sola línea. A partir de esa conexión comienza a construir la producción.
Es una lógica que ha acompañado a Goldroom desde sus primeras composiciones y que ahora vuelve a ocupar un lugar central. En una escena electrónica donde las colaboraciones pueden responder a estrategias de alcance y visibilidad, resulta interesante escuchar a un productor que sitúa la conexión emocional por encima de los números. No se trata de encontrar una voz que encaje con una tendencia, sino una interpretación que abra nuevas posibilidades para la canción.
El próximo álbum también responde a esa búsqueda. Durante nuestra conversación, Legg contó que el proyecto comenzó a tomar forma después de revisar entre 40 y 50 demos que había acumulado durante el periodo en que continuó haciendo música sin publicar con la misma frecuencia. Al escucharlas nuevamente, encontró un hilo conductor que no había identificado mientras las componía. Las canciones parecían compartir una dirección, como si juntas estuvieran musicalizando una misma película.
Esa manera de pensar la música atraviesa buena parte de su trabajo. En lugar de concebir el álbum como una simple colección de sencillos, Legg encontró en esas composiciones una historia que merecía desarrollarse como un cuerpo completo. La inspiración llegó, en parte, de sus lecturas sobre las travesías marítimas de principios del siglo XX y las experiencias de los navegantes que pasaban largos periodos lejos de sus familias. En esos relatos encontró una conexión con su propia vida como DJ: la soledad de estar de gira, la distancia de los seres queridos y, al mismo tiempo, la belleza de encontrarse en medio de una experiencia extraordinaria.
El océano, una presencia recurrente en la identidad visual de Goldroom, adquiere así otra dimensión. No es solamente una referencia estética ni el escenario ideal para una fiesta al atardecer. También representa la distancia, el movimiento y esa mezcla de libertad y aislamiento que acompaña a quienes pasan buena parte de su vida viajando. La música de Legg parece moverse precisamente entre esos extremos: canciones luminosas que no necesitan renunciar a la melancolía para encontrar su lugar en la pista de baile.
En ese sentido, el regreso de Goldroom también supone una reconciliación con su propia identidad. Legg recuerda que hubo un momento en el que quiso que el proyecto fuera percibido como algo más que el trabajo de un productor y DJ, especialmente cuando comenzó a tocar en vivo, cantar y tocar guitarra. Con el tiempo, dejó de sentir la necesidad de demostrar que podía ser otra cosa. Hoy prefiere profundizar en los elementos que la audiencia ya reconoce, desde las melodías hasta las imágenes relacionadas con el mar y la costa californiana.
Esa decisión no implica quedarse inmóvil. Al contrario, reconocer un lenguaje propio puede abrir un campo de exploración mucho más amplio. Para Goldroom, la evolución no depende necesariamente de abandonar sus referencias, sino de encontrar nuevas formas de trabajar con ellas y descubrir qué otras historias pueden surgir de ese universo.
La trayectoria de Legg también ofrece una perspectiva interesante sobre la transformación de la industria musical. Cuando Goldroom comenzó a publicar música, compartía archivos MP3 con blogs para que la gente pudiera descargarlos gratuitamente. Después llegó SoundCloud y, más tarde, el dominio de las plataformas de streaming. Ahora, el productor considera que la industria vuelve a encontrarse ante una transición cuyo destino todavía no está claro.
Lejos de mirar ese cambio con pesimismo, Legg encuentra motivos para entusiasmarse. Reconoce que hoy existe una enorme cantidad de artistas intentando abrirse camino, pero también considera que nunca había sido tan accesible encontrar una audiencia para la propia música. Conseguir una comunidad grande sigue siendo difícil; encontrar personas dispuestas a escuchar, descubrir y conectar con un proyecto, en cambio, es una posibilidad más abierta que antes.
Esa relación con quienes escuchan su música se ha convertido, además, en una fuente constante de inspiración. Legg habla de la retroalimentación entre el artista y su público como algo que lo ha impulsado a continuar creando. Es una idea que adquiere especial sentido en un proyecto como Goldroom, cuya identidad no se limita al sonido: también se construye a través de los lugares, las imágenes y las experiencias que sus canciones evocan en quienes las escuchan.
Con “Secrets”, Goldroom vuelve a explorar esa conexión desde la colaboración y la emoción. El próximo álbum promete ampliar un universo que Josh Legg no parece interesado en abandonar, sino en seguir descubriendo. Después de tantos años haciendo música y de haber atravesado distintas formas de producirla, distribuirla y encontrar a su público, su apuesta consiste en algo aparentemente sencillo, pero difícil de sostener en el tiempo: seguir haciendo canciones que le provoquen algo real.
Quizá esa sea una de las claves de su permanencia. En una industria que cambia constantemente y en la que cada lanzamiento parece competir por unos segundos de atención, Goldroom conserva el interés por construir canciones que funcionen más allá del momento en que se publican. Música que puede acompañar una pista de baile, un viaje por carretera o el recuerdo de un verano, pero que también deja espacio para las historias personales que existen detrás de cada melodía.